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Foto Fredy León Cuellar Fecolper

Por Fabio Larrahondo V.: Cali se convirtió en la penúltima parada de los cuerpos de los tres periodistas ecuatorianos asesinados por alias “Guacho” y sus secuaces. Se vivieron momentos muy tristes al ser recibidos por sus familiares. Los periodistas partieron el 26 de marzo a un cubrimiento periodístico en la frontera con Colombia.

Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra son los periodistas secuestrados y asesinados. Sus cuerpos fueron encontrados en una fosa común en una zona rural de Llorente, corregimiento de Tumaco.

Foto Fredy León Cuellar – Fecolper

Con una caravana llena de sentimiento partieron de Cali y en medio de lágrimas y expresiones de cariño fueron recibidos en el Aeropuerto “Mariscal Sucre”, en Quito, ciudad de la que partieron semanas atrás en busca de información que explicara por qué el aumento de la inseguridad en límites entre Ecuador y Colombia.

En ataúdes cubiertos con la bandera de su país fueron despedidos Javier Ortega, de 36 años; Paul Rivas, de 45 y Efraín Segarra, de 60 años. A Cali llegaron sus cuerpos encontrados en una fosa común en zona rural de la vereda El Tandil, corregimiento de Llorente, municipio de Tumaco, en Nariño, departamento convertido en un mar de siembra de coca.

El hallazgo de los cuerpos fue posible merced a la captura de uno de los hombres cercanos a alias “Guacho”, comandante de una disidencia de las Farc que los secuestró y luego asesinó con armas de corto alcance, según el informe de Medicina Legal. Los cuerpos, en muy avanzado estado de descomposición fueron traídos a Cali porque en esta ciudad se dispone de avanzados equipos y personal especializado en este tipo de procedimientos de precisión de identidad e investigación sobre víctimas.

El citado equipo periodístico partió de Quito, sede de El Comercio, el 26 de marzo del presente año y, paradójicamente, el 26 de junio en Cali fue el reencuentro postrero con sus familias. Fue una cita triste en una casa de funerales, no los pudieron ver, su estado no lo permitía. Miles de pensamientos pasaron por la mente de sus familiares y preguntas sin respuestas. La intimidad del dolor, la intimidad de la impotencia.

Cuando cayeron en poder de los delincuentes, que se hacen llamar guerrilleros disidentes de las Farc, los hicieron hablar ante cámaras para llevar un mensaje que sorprendió a todo el Ecuador, donde nunca se había vivido una experiencia de este tipo. Allí los periodistas, ya demacrados, hablaron y dieron a conocer su situación.

En aquel video los disidentes farianos dieron a conocer que solo les permitirían regresar a cambio de que el gobierno del presidente Lenín Moreno pusiera en libertad a tres de sus miembros en prisión. Como era de esperarse el nuevo gobierno no accedería a la exigencia, porque sería chantajear la democracia y el orden legal.

En la voz de la familia

Además de sus familiares, los tres periodistas han sido llorados por colegas, en especial para sus compañeros y amigos de cotidianidad en “El Comercio”, uno de los principales periódicos de ecuador. Desde el mismo momento en que sus cuerpos llegaron a Cali se tuvo reporteros de diversos medios del hermano país siguiendo las huellas al caso.

El miércoles pasado, cuando fueron trasladados de Cali a Quito, seguí los pormenores de la espera y el recibimiento de los cuerpos a través de la transmisión de Facebook-live que hiciera el propio periódico “El Comercio”. Por allí pasaron familias, allegados, amigos y colegas.

“Javier era un chico muy alegre, colaborador, muy profesional y en función de su trabajo”, dijo Olga Reyes, tía de Javier Ortega, quien lo esperaba con un ramo de rosas blancas. Sobre él otra mujer dijo “Javi era muy honesto, trabajador y muy generoso”.

Igualmente hubo referencias a Efraín Segarra, de quien habló una cuñada que estaba al lado de tres adolescentes que deja esta víctima de la violencia demencial. “Efraín era excepcional en todo. Muy amigo de las guaguas (niños) hasta en sus travesuras. Lo conocí antes que se casara con mi hermana y siempre fue buena gente. Se puede decir que era de los pocos nueros a quienes quería la suegra. La gente suele decir que no hay muerto malo…pero les aseguro que Efraín siempre fue buena persona y con consejos muy lindos”, manifestó Patiricia Jaque, de luto riguroso y también con ramo de flores blancas.

Una noche antes en la funeraria en Cali también se escucharon voces llenas de dolor:

–         “Por fin, al menos tenemos sus huesitos”, manifestó en varias ocasiones Galo Ortega, como queriendo decir que ahora el duelo tendrá algo a que aferrarse, algo diferente a saber que sus cuerpos estaban en algún lugar enterrados, al menos.

–         “Yo me enfoco en lo que sigue, que es buscar la verdad de todo lo que pasó”, manifestó entre lágrimas Patricio Segarra, hijo de don Efraín, quien era una verdadera institución en El Comercio.

–         “Creo que para mi madre será el momento más duro. Ella, en estos tiempos, siempre quiso tener la certeza de que murió y tener su cuerpo cerca para visitarlo”, dijo Ricardo Rivas, hermano de Paúl.

Unidos en el dolor

Los periodistas de Colombia y Ecuador hemos estado unidos en el dolor desde el mismo momento en que se supo de su secuestro. En nuestro país siempre se temió lo peor. Acá, a este lado de la frontera, sabemos lo que es la violencia demencial contra los periodistas.

Por este motivo, por esta solidaridad, los periodistas de Cali le dimos despedida y homenaje póstumo. Estuvimos representados por la Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper) y el Círculo de Periodistas de Cali (CPC) y por periodistas independientes. Las huellas del dolor no tienen fronteras.

Las expresiones de solidaridad también se tuvieron en las afueras de Medicina Legal y en el propio Aeropuerto “Alfonso Bonilla Aragón”, cuando llegaron los cuerpos provenientes del extremo sur de Colombia, siempre en una caravana de dolor.

Los familiares de las víctimas, tras agradecer su solidaridad, expresaron que ellos seguirán juntos en Ecuador, donde los cuerpos serán velados juntos, como lo estuvieron ellos en vida al momento de partir hacia la región de Mataje a cumplir la misión periodística.

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